La versatilidad y pluralidad de abordajes y modos expresivos caracteriza la producción de Ana Steinnekker y da cuenta al mismo tiempo de su libertad creativa. Su obra no se agota en una disciplina o una serie de técnicas, ni siquiera lo hace en un estilo; la artista se mueve entre la abstracción y la figuración, entre la bidimensión y la tridimensión, entre el trabajo con las formas geométricas y las formas orgánicas, entre su interés por lo antiguo y sus manifestaciones y un modo de ser contemporáneo. Su itinerario plástico visual involucra cerámicas, piezas de joyería, grabados, dibujos, collages, pinturas, objetos e instalaciones, constituidos en su mayoría por una mixtura de materiales y técnicas que fue adquiriendo y conociendo a lo largo de su extensa trayectoria.

La cerámica, mundo en el que se introduce primera y tempranamente, le proporciona el desafío de las dificultades técnicas en relación a la cocción del material y al trabajo con el color, y al mismo tiempo la posibilidad del juego. Con la arcilla en sus distintas versiones realiza relieves, torsos y máscaras con una impronta que alude a distintas civilizaciones, en los que prima el fragmento asociado a lo sensitivo – ojos, bocas, narices, orejas - y objetos que remiten a un particular constructivismo en el que hibrida el vidrio con la arcilla, con la que crea volúmenes geométricos como el cubo y la esfera. Su interés por lo constructivo será asimismo evidente en una serie de cajas de madera pintadas, de distintos tamaños, que contendrán en su interior pequeños universos conformados por elementos y figuras pegados y puestos en diálogo - al modo de un collage - e incluso por otras cajas de dimensiones menores.

Es también a partir de la cerámica que la artista lleva a cabo una serie de juegos provenientes de la antigüedad - cuyos orígenes y modalidades estudia en profundidad -, combinando arcillas roja y blanca. Con este material milenario crea versiones contemporáneas de juegos ancestrales en base a cuerpos geométricos que funcionan como un módulo que adquiere distintas fisonomías, según la pieza de la que se trate.

Este interés tanto por lo modular como por los cuerpos geométricos y su implícita simbología, se hace evidente en sus trabajos de joyería, en los que utiliza materiales tradicionales de esta disciplina, como la plata y el bronce, combinados con otros totalmente heterodoxos, como el acrílico, el papel e incluso diversos tipos de caramelos. En algunas de estas piezas se evidencia una reminiscencia al mundo antiguo, mientras que en otras el interés se centra – una vez más – en los distintos sentidos y sus posibilidades sinestésicas.

En su obra pictórica, que aborda desde una multiplicidad de materiales (acuarela, acrílico, tintas, pastel, óleo) encontramos una vertiente figurativa, un claramente abstracta y otra que juega en el límite de ambas y está poblada se símbolos, generalmente distribuidos dentro de tramas. En las dos últimas tiene un rol fundamental el cuadrado - como figura leitmotiv, asociada desde la antigüedad a la tierra y arquetipo del orden universal - que, sin embargo, no es trabajado por la artista desde la rigurosidad de la geometría sino desde la flexibilidad y maleabilidad de lo orgánico, más allá de que el proceso de producción involucre una serie de instancias que respondan a lo racional-proyectivo. El cuadrado, que la artista vincula a la idea de hábitat y por lo tanto de contención y refugio, queda inmerso en distintas situaciones, que van desde la trama polimatérica y la seriación multidireccional, hasta un entorno en el que prima el chorreado y la gestualidad de la pincelada.

Dentro de su producción pictórica figurativa descubrimos una serie de personajes trabajados de un modo sintético y esquemático, usualmente combinados con la técnica del collage, que incluso llegan a tener – como en la serie Deborah – una historia y nombre propios. Sus figuras, en las que el elemento plástico protagonista es la línea, se hallan sumergidas en espacios no normatizados, carentes de perspectiva, muchas veces resueltos con un fondo plano monocromático o con la misma desnudez del soporte utilizado. En otros casos, rostros esbozados con algunos trazos se encuentran sumidos en tramas o cortinas lineales que involucran toda la superficie pictórica y generan un fuerte contraste figura-fondo.En su producción más reciente, surgida en una residencia realizada en Francia en 2019, Steinnekker comienza a desarrollar la serie Mundos, que continúa hasta el presente e involucra tanto pinturas abstractas sobre lienzos de grandes dimensiones, como obras – pinturas y collage – sobre papel, de pequeño formato, que son concebidas como piezas autónomas, pero que al mismo tiempo piensa como conjunto: las agrupa y dispone en una superficie al modo de una instalación, que adquiere en cada ocasión distinta fisonomía. Algunas de ellas, puramente abstractas, son combinadas con collages en los que se hace presente recurrentemente una imagen fotocopiada de la artista cuando era niña; una imagen en blanco y negro inmersa en entornos en los que predomina el color, trabajados según el caso mediante chorreados o planos monocromáticos. En esta serie - una vez más - la artista se vale de múltiples lenguajes, técnicas, modalidades y soportes de trabajo, articulando lo considerado a priori como antitético y dando cuenta de un nomadismo estético que se encuentra en la base de la contemporaneidad de su producción.


María Amor Ferrón 

Lluvia Oficina de Curaduría y Museología

Versatility and multiplicity of approaches and expressive ways characterise Ana Steinnekker’s production and also account for her creative freedom. Her work goes beyond a discipline or a series of techniques and she does not limit herself to a style; the artist moves freely between the abstract and the figurative, between the two-dimensional and the three-dimensional, between the work on geometrical figures and organic forms, between her interest in ancient and its manifestations and a way of being contemporary.  Her plastic visual career Includes pottery, jewellery pieces, engravings, drawings, collages, paintings,  objects and installations, most of which are made up of a mixture of materials and techniques that she  has been acquiring and getting familiar with throughout her long artistic career.

Pottery, a world that she inhabits early and first of all, gives her the challenge of facing the technical difficulties relating to the baking of the materials and the handling of the colours and at the same time, the possibility of playing. With different versions of clay, she makes relief sculptures, torsos and masks that show the imprint which allude to various civilizations. The fragment associated with the senses – eyes, mouths, noses, ears – takes precedence in them besides objects which refer to a particular constructivism in which she hybridizes glass and clay, with which she creates geometrical volumes such as the cube and the sphere. Her interest in the constructive is also evident in a series of painted wooden boxes of various sizes, which bear inside small universes made up of elements and figures which have been stuck and put into dialogue – like in a collage – as well as other smaller cases.

It is also as from pottery that the artist carries out a series of games dating from Old Times – whose origins and modalities she studies in depth –, combining red and white clay. With this ancient material, she creates contemporary versions of ancestral games based on three-dimensional objects that work as a module which acquires a different appearance depending on which piece it is. 

Such an interest in both, modules and three-dimensional objects and their implicit symbology, becomes evident in her jewellery works, in which she uses traditional materials of the said discipline – such as silver and bronze – combined with others which are absolutely heterodox such as acrylic, paper and even various kinds of candies. In some of these pieces, a reminiscence of the Ancestral World is present, while in others, the interest is focused – once more – on the multiple senses and their synaesthetic possibilities. 

In her painting work, which she approaches with a multiplicity of materials (watercolour, acrylic, ink, pastel, oil) we can find a figurative  trend, a clearly abstract one and  another one which performs in the limit of both and is inhabited by symbols, usually distributed inside wefts.  In both of the latter cases, the square plays a relevant role – as a leitmotiv figure, associated with the old age of Earth and the Universal Order Archetype – which, however, is not dealt with by the artist with the rigidity of Geometry but with the flexibility and malleability of the organic, even though the production process may imply a series of instances which are due to the projective-rational.  The square, which the artist links with the idea of habitat, and therefore, of containment  and shelter, becomes immersed in different situations, which range from the plurality  of materials and the multidirectional series arrangement to  an environment in which the  pouring effect and  how  the brush-stroke was made, come first.   

In her figurative painting production, we can see a series of characters which have been made in a synthetic and schematic way, combined with the collage technique. They even have – like in the Deborah series – their own name and story. Her figures, in which the main plastic element is the line, are submerged in spaces which do not meet standards, devoid of perspective, many times having a monochromatic background or looking just as naked as the chosen support. In other cases,   faces that have been outlined with some strokes are inside wefts or lineal curtains which involve the whole of the pictorial surface and generate a strong figure-ground contrast.

In her most recent production, which emerged in a residence in France in 2019, Steinnekker starts to develop the Mundos series, which continues up to the present and includes abstract paintings on canvasses of big dimensions as well as small-format works – paintings and collage – on paper, which are thought as freestanding pieces, but also as a whole; she puts them together and lays them on a surface like in an installation, which acquires a different appearance every time. Some of them, being purely abstract, are combined with collages in which a photocopied image of the artist in her early years can be recurrently seen; a black-and-white image in environments where the colour predominates and that have been achieved, according to the case, through pouring techniques or monochrome background planes. In this series – once more – the artist makes use of multiple languages, techniques, modalities, and working supports, taking   the a-priori considerations as antithetical and showing an esthetic nomadism which lies in the base of the contemporaneity of her production.

María Amor Ferrón
Lluvia Office of Curatorship and Museology